Santa María de Punilla (Argentina), 15 feb (EFE).- El Cosquín Rock, el mítico festival que se animó a romper con todas las tradiciones musicales argentinas para convertirse en una institución, cerró en la madrugada del domingo su primera jornada, en la que destacaron el trapero punk Dillom, el dúo ecuatoriano-suizo Hermanos Gutiérrez y la estrella de pop Lali.

El Cosquín Rock, un festival que nació en 2001 como un desprendimiento del Festival Nacional de Folklore y desde 2011 se celebra rodeado de montañas -en Santa María de Punilla, provincia de Córdoba-, albergó en su primera jornada 40 bandas distribuidas en siete escenarios.

Entre grandes clásicos del rock argentino como Babasónicos, Las Pelotas y Ciro y los Persas -la banda de Andrés Ciro Martínez, líder de la fundacional Los Piojos-, sobresalieron tres artistas de estilos completamente distintos, de esos que desde hace unos años irrumpen en la línea dura de rock del festival y lo expanden.

Acordes del desierto

Cuando el sol todavía brillaba alto, en un escenario escondido y en un clima mucho más íntimo del que ya se palpitaba en los escenarios principales, los Hermanos Gutiérrez desplegaron su rock minimalista y psicodélico, que tiene reminiscencias de desierto, aunque se hayan criado en Suiza, muy lejos de esa inspiración sonora.

Alejandro y Estevan Gutiérrez, dos de cuatro hermanos de una madre ecuatoriana y un padre suizo, tocaron frente a un público atento y relajado, entregado al viaje que proponen sus acordes sin lírica.

En su tercera visita a Buenos Aires, la más resonante de las tres, Alejandro se emocionó al ver una bandera ecuatoriana entre el público y se declaró fanáticos de “Maradona y de Boca (Juniors)”.

El trapero más punk

“Para los que no nos conocen, nosotros somos Ciro y los Persas”, bromeó Dillom, en referencia a la banda que en la noche incipiente acaparaba el grueso del público, al otro lado del predio.

El músico, compositor y productor de 25 años, tatuajes en el cuerpo y en el rostro, comenzó su quinta presentación consecutiva en el Cosquín Rock con su faceta más rockera, a la que sacó brillo en su último disco, ‘Por cesárea’, que terminó de consolidarlo como uno de los exponentes más interesantes de la nueva música argentina y por el que ganó una nominación a los Grammy Latinos.

Dillom prescindió de visuales para hacer de su presentación una de las más potentes de la jornada. Bastaron sus letras controversiales, la endorfina de su público y una pasarela por la que desfiló primero de camisa y corbata, después sin remera y por último en calzoncillos.

Si su música viene del trap, su actitud es definitivamente punk. Su pogo, ese ritual frenético de saltos y empujones, fue el más enérgico de la jornada: estalló en el primer cuarto del show con ‘Ola de suicidios’ y ya no se detuvo.

Y cuando por casualidad encontró la llave magnética de su hotel en el bolsillo de su pantalón, la tiró al público y dijo que esperaba en la 202 a quien quisiera visitarlo.

Futura institución del pop

Imposible ignorar el carisma magnético de Lali, que cerca de la medianoche hizo bailar a una multitud con su electro pop.

Con movimientos enérgicos y precisos y un plantel impresionante de bailarines, la futura institución del pop hizo una versión resumida de su repertorio, haciendo énfasis en su último disco ‘No vayas a atender cuando el demonio llama’, en la que se le anima al rock y al punk, aunque mantiene una fuerte impronta pop.

“Segundo Cosquín, que emoción. El festival más lindo de todos, vamos a decirlo”, dijo Lali al saludar a su público.

Entre sus temas nuevos también hubo lugar para ‘Soy’, la canción que espontáneamente se convirtió en un himno gay, seis años antes de que Lali se definiera como bisexual, y antes del bis cerró con ‘Fanático’, el tema que la cantante le dedicó al presidente argentino, Javier Milei, después de que este la hostigara públicamente.

El Cosquín Rock vivirá su segunda y última jornada este domingo, con las presentaciones de Fito Páez, Divididos, Trueno, Peces Raros, entre otros.

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