Moscú, 14 feb (EFE).- Una visita al supermercado se ha convertido en las últimas semanas en una pesadilla para los rusos debido a que los precios no han dejado de subir en los últimos cuatro años de guerra con Ucrania y, desde que ha comenzado el año, el coste de algunos productos básicos se ha vuelto prohibitivo para el ciudadano medio.

“En Rusia, el pueblo llano siempre paga los platos rotos”, ha comentado a EFE un resignado moscovita en una modesta tienda del norte de la capital rusa.

Ha bastado con que el IVA se incrementara un 2 % desde el 1 de enero pasado para que llenar la cesta de la compra se haya convertido en una odisea, ya que los precios crecen por encima de los salarios y de la inflación.

Mientras el salario mínimo no llega a los 300 euros, la actual cesta de la compra supera los 8.000 rublos (más de 100 euros) en un supermercado de la gama media, casi el doble que antes de la guerra y el Covid-19.

La cuesta de enero se alarga

Ir a la compra ya se hizo muy cuesta arriba en 2025 -los precios han subido un 45 % desde el comienzo de la guerra, febrero de 2022, según datos oficiales-, pero este enero se ha notado mucho en los bolsillos de los rusos.

Si la mantequilla y los huevos se dispararon en años anteriores, ahora han encarecido casi todos los productos, desde la leche a las patatas -167 % de aumento en dos años- o la fruta.

Al ser importada de lugares como China, Argentina o Chile, la pera se ha vuelto la fruta más cara, a unos 3 euros el kilo, pero el “modesto” plátano cuesta ahora más de 1,2 euros el kilo, algo impensable hace unos años.

“Suerte que siempre hay descuentos”, señaló Marina, una mujer de unos 60 años en el supermercado Magnit, la cadena más barata del país.

Especialmente doloroso ha sido el encarecimiento de los lácteos, que han subido un 41 % en los últimos dos años. La leche y el queso no dejan de incrementar sus precios. Y el requesón, un producto básico en Rusia, un 50 %.

Según destaca un estudio de la BBC, el sirok -barrita de requesón recubierta de chocolate- se han disparado un 67 % en los últimos cinco años, convirtiéndose en un artículo de lujo.

Ensalada para ricos, pepinos a precios de oro

“No puede ser, no puede ser”, repite apesadumbrada una pensionista mientras elige si comprar o no los ingredientes necesarios para preparar una ensalada.

Los tomates nunca han sido baratos en Rusia, ya que provienen en su mayoría de otras latitudes, pero el pepino se ha vuelto inalcanzable para muchos consumidores. Es prácticamente imposible que cueste menos de 3,5 euros el kilo, es decir, casi lo mismo que la carne de cerdo.

De hecho, como ha comprobado EFE, en muchas tiendas y supermercados el pepino de mayor calidad se vende por unidad a unos 1,7 euros, después de que su precio aumentara un 111,1 % en los últimos tres meses.

La lechuga también le va a la zaga, con 3,5 euros el kilo, lo que hace que muchos rusos hayan renunciado a la ensalada como guarnición para sus platos.

Los expertos apuntan a que muchos de estos productos son importados, a lo que han contribuido las malas cosechas.

Un invierno más frío que otros años ha elevado notablemente el coste los vegetales de invernadero, a lo que ha acompañado los problemas en las cadenas de suministro por la guerra y las flutuaciones del rublo.

En total, las verduras, según la BBC, se han encarecido un 75 % en los últimos años.

Ni carne ni pescado

Muchos rusos han tenido que renunciar a la carne roja y conformarse, en el mejor de los casos, con el pollo. La ternera difícilmente baja de los 8-9 euros.

También se ha disparado el coste de la carne picada -4,5 euros el kilo-, con la que se hacen los famosos filetes rusos. Por todo ello, los supermercados retiran cada vez más productos cárnicos debido al descenso de su consumo, ya que superan su caducidad sin llegar a abandonar las estanterías.

Los rusos siempre han sido especialistas en encontrar alternativas y sucedáneos. En cambio, uno de esos artículos más tradicionales, los pilmeni (raviolis siberianos rellenos de carne), ya no son para todo el mundo. Un bolsa de 700 gramos cuesta 4 euros. Eso sí, se pueden comprar al granel pilmenie de baja calidad a 120 rublos (1,3 euros).

El pescado fresco es un artículo al alcance sólo de los rusos más pudientes. Pero es que el congelado tampoco se lo pueden permitir los consumidores con salario medio. El salmón cuesta 30 euros. Lo mismo ocurre con los ahumados o la caballa, antes un pescado muy popular en este país.

Los rusos también han tenido que reducir el gasto en postres -el chocolate y los bombones se han disparado- y en cerveza (Báltika), con un alza del 70 % en dos años.EFE

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