Redacción Ciencia, 2 feb (EFE).- El ‘efecto de la primera noche’ es un fenómeno por el que muchas personas duermen mal cuando llegan a un lugar que no conocen. La respuesta está, al menos para los ratones, en un circuito cerebral y una molécula que liberan las neuronas para mantener el estado de vigilia.
Científicos de la Universidad de Nagoya (Japón) publican en Pnas un estudio sobre este fenómeno realizado en ratones y consideran que es probable que en seres humanos funcionen circuitos similares a los encontrados en los roedores.
Un grupo de neuronas se activa cuando un animal entra en un entorno nuevo y libera una molécula llamada neurotensina, que mantiene el estado de vigilia, con un efecto que protege de posibles peligros en lugares desconocidos.
Este descubrimiento podría explicar ese ‘efecto de la primera noche’, por el que el cerebro permanece más alerta y mantiene un ojo abierto hasta confirmar que el entorno es seguro, lo que es una respuesta que evolucionó para mejorar la supervivencia.
La amígdala extendida es una región del cerebro que procesa las emociones y el estrés en los mamíferos. En ella hay unas neuronas específicas llamadas IPACL CRF que producen neurotensina y se activan cuando detectan un nuevo entorno.
La neurotensina afecta a la sustancia negra, una zona del cerebro que controla el movimiento y el estado de alerta, explicó el investigador de la Universidad de Nagoya Daisuke Ono.
Este circuito fue estudiado con ratones a los que introdujeron en jaulas nuevas y registraron su actividad cerebral. El resultado fue que las IPACL CRF se volvieron muy activas en esos entornos desconocidos.
Cuando estas neuronas se suprimieron artificialmente, los ratones se quedaron dormidos rápidamente, incluso en sitios que no conocían. Por el contrario, cuando se les activaron, los animales permanecieron despiertos durante más tiempo.
El equipo demostró que las neuronas IPACL CRF utilizan neurotensina para comunicarse con la sustancia negra.
Dado que la amígdala extendida y la sustancia negra existen en todos los mamíferos, los investigadores creen que es probable que en los seres humanos funcionen circuitos similares.
Esos hallazgos podrían conducir a nuevos tratamientos para el insomnio y los trastornos de ansiedad.
Además, muchas personas con trastorno de estrés postraumático o estrés crónico experimentan un estado de alerta nocturna excesivo, por lo que los fármacos que actúan sobre esta vía de la neurotensina podrían ayudarles a dormir.

