Lima, 30 ene (EFE).- Las prisiones en Venezuela “no son cárceles, son campos de concentración”, asegura el peruano Marco Antonio Madrid, que hace dos semanas fue liberado de un encierro de más de un año con “golpes, maltratos y vejaciones” que le hacían pensar que cualquier día iba a ser el último de su vida.

Madrid, que es parte de los centenares de detenidos excarcelados por el chavismo tras la captura de Estados Unidos del presidente Nicolás Maduro, rechaza en una entrevista con EFE la denominación de preso político y se declara junto a los otros extranjeros privados de libertad “secuestrado por la organización criminal que rige Venezuela” frente a las presiones internacionales recibidas.

Este peruano que ha vivido parte de su vida en España se instaló en Valencia (Venezuela) con su esposa venezolana a inicios de 2024 para desarrollar un ‘call center’ (centro de llamadas), pero antes de la Navidad la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) lo visitó para que acudiese a reconocer al español Ernesto Gorbe, compañero suyo de trabajo detenido días antes.

“Yo les acompañé voluntariamente y ahí empezó todo. Me pidieron mis documentos y me realizaron una cantidad de preguntas. Ahí descubren que todos mis documentos están legales y que no existía ningún motivo para detenerme, pero me quitan mis pertenencias y me secuestran. Me llevaron a un calabozo”, relata Madrid.

De ahí, fue llevado a Caracas, a “un sótano donde tienen a la gente durmiendo en el suelo con la misma ropa con la que llegan, sin luz del día y el agua para bañarte completamente gélida”.

Denuncia golpes y castigos

Luego de diez días, le dijeron que iría a la oficina de Migraciones, pero acabó en la cárcel de El Rodeo I, con celdas que “tienen 3 metros de largo y 2 de ancho, con una litera para dos presos, un agujero para defecar y un tubo del que salía agua con óxido.

“Son condiciones ya no inhumanas, sino deplorables donde te intentan anular como ser humano”, indica Madrid, que fue acusado de un supuesto complot contra el Gobierno, obligado a firmar documentos judiciales “encapuchado, esposado y con un (fusil) Kalashnikov al lado”.

Al tercer día en prisión fue testigo del intento de suicidio de un yemení, y poco a poco conoció a otros extranjeros en situaciones similares.

“Los famosos custodios eran jóvenes de menos de 25 años. El trato era bastante hostil. Teníamos que someternos a torturas, golpes y diferentes castigos”, explica Madrid.

“Uno de los castigos que sufrí fue el cuarto del silencio: te encapuchan, te enmarrocan (esposan) y te llevan a un cuarto completamente oscuro donde no puedes hablar ni siquiera para solicitar permiso al baño”, detalla.

Medio año incomunicado de su familia

Más de seis meses después pudo tener contacto con su familia, una incomunicación que les llevó a distintos motines dentro de la cárcel. “Era para saber si nos iban a matar. Provocábamos porque la tortura era muy grande. Estábamos incomunicados, no sabíamos si nuestras familias sabían de nosotros o si al día siguiente nos iban a pegar un tiro”, cuenta.

Luego vieron que las llamadas eran “pruebas de vida para que los familiares presionasen a sus gobiernos a negociar”, y por ello habla Madrid habla de un “secuestro”.

Las únicas noticias del exterior llegaban por otro “castigo muy peculiar”: escuchar por megafonía las transmisiones de los programas televisivos de Maduro y Diosdado Cabello. “‘Es para que entiendan nuestra lucha'”, recuerda que les decían los carceleros.

Así supieron del despliegue militar que EE.UU. en el Caribe antes de la captura de Maduro, y a finales de 2025 “gente con turbante empieza a entrenar a los custodios”. “Esto no es mentira, no me lo han contado. Lo he vivido y visto con mis propios ojos”, señala.

“A inicios de 2026 cancelaron las visitas y nos aislaron completamente. Redoblaron la seguridad y empezaron a uniformarse como para la guerra. Nosotros nos asustamos. Pensábamos que llegó nuestra hora”, rememora Madrid, que una vez fuera de prisión no deja de pensar en los que quedan dentro.

Fernando Gimeno

Peruano excarcelado en Venezuela: “Nos secuestraron para extorsionar a diferentes países”

Lima, 30 ene (EFE).- El peruano Marco Antonio Madrid, uno de los presos liberados tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación militar de Estados Unidos, rechaza que su caso y el de los demás extranjeros sean presentados como presos políticos, al afirmar que se trató de un secuestro del chavismo para defenderse de las presiones internacionales.

“Esa organización que rige el país nos secuestró para extorsionar a diferentes países. Llamemos a las cosas por su nombre. No hubo ninguna negociación, hubo una extorsión”, afirma Madrid en una entrevista con EFE tras haber sido excarcelado el 13 de enero y haber regresado a Perú mediante gestiones del Gobierno peruano y la colaboración de Brasil y Colombia.

Desde Perú no olvida al resto de encarcelados con los que coincidió en El Rodeo I, donde Madrid estuvo recluido más de un año desde diciembre de 2024 hasta enero de 2026 bajo acusaciones de un supuesto complot.

Allí conoció a sus compatriotas Renzo Huamanchumo, liberado en julio pasado; Ricardo Meléndez y Arturo Paredes, estos dos últimos liberados esta semana según el Gobierno de Perú; pero también al gendarme argentino Agustín Gallo y el exmilitar mexicano-estadounidense Joseph Castañeda, que continúan en prisión.

También menciona a otros reclusos pendientes de liberar como Marianela Chung, la esposa de Paredes encarcelada en La Crisálida; y sus amigos colombianos Arley Espitia, Alejandro Tique, Luis Eduardo Quinchia, Moisés Uribe, Danner Barajas y Ender Gómez.

“Al principio llegas a la cárcel y piensas que estás en un lugar de criminales. Luego escuchas la historia de cada uno y ves que esto es sistemático. Nos están secuestrando a todos”, apunta Madrid.

La mayoría fue capturado tras los comicios de julio de 2024, en los que Maduro fue proclamado ganador por un ente electoral controlado por rectores afines al chavismo y pese a las presiones de la comunidad internacional para difundir las actas y el reconocimiento de diversos países al opositor Edmundo González Urrutia como presidente electo.

Ajenos a la política

“Ninguno de nosotros somos activistas políticos ni hemos hecho vida política en Venezuela. Somos trabajadores, empresarios, turistas… que nos utilizaron para chantajear y extorsionar de manera política y por la fuerza a distintos gobiernos”, apunta.

Él se había instalado junto a su esposa y su hijo en Valencia a inicios de 2024 con la idea de desarrollar un centro de llamadas, pero pocos días antes de la Navidad cayó en manos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), quienes lo citaron para reconocer al español Ernesto Gorbe, que había sido también detenido días antes.

“Fuimos secuestrados más de 35 nacionalidades en 2024. Hubo familias en diferentes campos de concentración que fueron humilladas, abusadas y vejadas. Hijos y madres que fallecieron en el intento de liberar ya sea extranjeros o venezolanos”, advierte Madrid.

“¿Quieren intentar pasar muy desapercibido todo lo que nos ha ocurrido como una liberación política? Somos secuestrados que hemos sobrevivido a una organización criminal. Han decidido liberarnos no gracias a la diplomacia ni a una negociación, sino gracias a que fueron amenazados y a una intervención militar (de EE.UU.)”, incide.

Libertad “incompleta”

El peruano señala que en Venezuela se ha llegado a un “punto increíble de ni siquiera pensar simplemente, porque es un riesgo el simple hecho de hacer un comentario sin el permiso ni la bendición de esta gente que está rigiendo un país y que son una organización criminal”.

Pese a llevar ya más de dos semanas fuera de la cárcel, Madrid comenta que “la sensación de libertad no es completa muchas veces”, primero porque “en diferentes lugares de Venezuela se vive una sensación de un encierro mental, de estar constantemente perseguido y de absoluta vigilancia y control”.

Ya una vez en Perú tiene “una sensación de alivio pero encerrado todavía de manera mental, con los compañeros que todavía están allí, en la misma situación”.

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