Javier Albisu
Bruselas, 27 oct (EFE).- La vicepresidenta de la Comisión Europea Teresa Ribera advirtió hoy de que el cambio climático amenaza la competitividad europea y puede hacer «colapsar» infraestructuras esenciales, riesgos que han llevado a Bruselas a presentar este martes nuevas normas para integrar la adaptación climática en todas las políticas sectoriales.
«Negar la realidad parece que se ha puesto de moda por parte de algunos. Negar la ciencia parece que se ha puesto de moda por parte de algunos, pero desgraciadamente eso cuesta vidas y cuesta dinero», afirmó Ribera en una entrevista con EFE sobre la iniciativa comunitaria para reforzar la adaptación al calentamiento global.
La responsable del Ejecutivo comunitario de coordinar las políticas para una Transición Limpia, Justa y Competitiva agregó que «si a uno le importa la competitividad de la economía europea, no puede negar que esa competitividad está amenazada como consecuencia del cambio climático» ni decirle a los agricultores «que el cambio climático es algo que se han inventado unos señores ecologistas».
Ribera subrayó que reducir las emisiones sigue siendo prioritario, pero ya no es suficiente para proteger a la población y la economía de unos efectos que se están haciendo notar en los servicios públicos y los sectores productivos.
Por ello, defendió la propuesta de creación de un Marco de Resiliencia Climática que presentó hoy la Comisión Europea, que busca obligar a los países de la UE a incorporar los riesgos climáticos en sus políticas, planificar medidas de adaptación y evaluar sus avances con criterios comunes.
«La mejor medida que podemos impulsar para estar más preparados frente al cambio climático es reducir nuestras emisiones. Pero no basta», insistió.
Infraestructuras bajo presión
La socialdemócrata española mencionó hospitales desbordados por el calor, centros educativos con temperaturas de 37 grados en otoño, vías ferroviarias afectadas por las altas temperaturas y problemas de suministro eléctrico relacionados con las sequías y la falta de agua para refrigerar las instalaciones de generación.
«Nuestras infraestructuras no estarán preparadas y pueden colapsar», advirtió, al aludir a los problemas observados durante el verano en el transporte ferroviario y fluvial y los sistemas eléctricos.
La también comisaria de Competencia aseguró que no se puede «pensar en una Europa de alta calidad de vida o en una Europa con una industria competitiva o con ciudades habitables si no integramos definitivamente el cambio climático en la forma en la que tomamos nuestras decisiones».
El paquete de la Comisión combina una comunicación con recomendaciones y principios comunes y una propuesta de reglamento que pide a los Estados miembros integrar la resiliencia climática en sus políticas sectoriales y comunicar sus programas de actuación, teniendo en cuenta el papel de las administraciones locales.
El objetivo es corregir las diferencias entre países, pues mientras algunos han avanzado en alertas tempranas, ordenación territorial o normas urbanísticas, otros, según Ribera, tienen todavía mucho por hacer.
Bruselas propone utilizar escenarios climáticos comunes y aplicar el principio de «resiliencia en el diseño», de forma que las decisiones públicas consideren desde el comienzo las alteraciones previsibles del clima.
Como ejemplos, Ribera citó parques renovables cuya producción puede verse afectada por el calor extremo, puertos expuestos a cambios en el oleaje o el nivel del mar y ciudades insuficientemente preparadas para las olas de calor.
Pólizas de seguros

La Comisión pretende además reducir los daños económicos derivados de los fenómenos extremos, en particular cuando hogares, agricultores o negocios sufren pérdidas sin contar con cobertura aseguradora.
El objetivo es mejorar el acceso a los seguros frente a los riesgos climáticos y fomentar medidas preventivas que reduzcan la exposición a las catástrofes, especialmente en las zonas más vulnerables, donde asegurar los bienes puede resultar cada vez más difícil o costoso.
«Queremos hacer una alianza con la industria del seguro para favorecer este tipo de comportamientos y que se generalicen tanto a nivel local como a nivel europeo», explicó Ribera.
Críticas a los detractores

Preguntada por los retrocesos en distintas políticas ambientales europeas, Ribera aseguró que es «una irresponsabilidad enorme» hacer campaña contra la protección del medioambiente y del clima.
Criticó a quienes «han dicho abiertamente que quieren reducir los niveles de protección ambiental» y «que no les importa que haya una barra libre en el empleo de los recursos, que ya lo pagará quien sea».
«En todo caso, la acción de la Comisión yo creo que ha intentado preservar esa visión de conjunto. Pero, insisto, en muchas ocasiones, con un ataque muy importante, a veces desde dentro y muchas veces desde fuera», afirmó.
Bruselas plantea preparar a la UE para un calentamiento global de 3°C grados en 2100
Bruselas, 27 oct (EFE).- La Comisión Europea quiere que los países de la UE incorporen sistemáticamente los riesgos climáticos a sus decisiones políticas y económicas, con un calentamiento global de tres grados para finales de siglo como referencia, con el fin de adaptar Europa a una realidad climática cada vez más extrema.
Este es uno de los objetivos del nuevo marco europeo de resiliencia climática que presentó este martes el Ejecutivo comunitario, que incluye medidas legislativas para anticiparse a los efectos del cambio climático sobre las infraestructuras, las inversiones y los distintos sectores económicos.
«Europa no está suficientemente preparada y es nuestra responsabilidad minimizar los costes y el sufrimiento que eso supone», dijo la vicepresidenta de la Comisión Europea responsable de una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera.
La propuesta del Ejecutivo pretende instaurar una cultura de prevención que permita pasar de reaccionar ante las catástrofes a prepararse para ellas porque «no podemos seguir actuando como si el clima no hubiera cambiado», apuntan fuentes comunitarias.
Los modelos con los que trabaja Bruselas apuntan a un calentamiento global de dos grados para mediados de siglo y de tres grados para 2100, un escenario que la Comisión quiere utilizar como referencia común para evaluar riesgos y diseñar medidas de adaptación, aunque se utilizan también escenarios en los que Europa se sobrecalentaría hasta 5 grados.
Desde el Ejecutivo subrayan que prepararse para ese escenario no supone renunciar a los objetivos de reducción de emisiones, sino complementar los esfuerzos con medidas para afrontar las consecuencias.
Legislar sin burocracia
La iniciativa llega en un momento delicado en el debate político europeo, marcado por el retroceso de algunas iniciativas medioambientales y las presiones para reducir las cargas administrativas sobre las empresas, lo que obliga a la Comisión a buscar un equilibrio entre nuevas exigencias de prevención y simplificación normativa.
El objetivo es que la evaluación de riesgos se incorpore a decisiones como las licitaciones públicas, la planificación de infraestructuras o las inversiones, teniendo en cuenta las condiciones climáticas futuras.
También se prevé integrar el análisis de la resiliencia climática en el Semestre Europeo, el mecanismo de coordinación de las políticas económicas de la UE.
Este miércoles, la Comisión Europea lanzará una herramienta digital, denominada «European Climate Viewer» (Visor Europeo del Clima), para visualizar los riesgos climáticos en distintos escenarios y territorios, con aplicaciones como la evaluación de la vulnerabilidad de las redes ferroviarias.
El coste de no adaptarse
Entre 2022 y 2025, las pérdidas económicas directas derivadas de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ascendieron a unos 200.000 millones de euros en la UE, frente a una media anual de 8.600 millones en la década de 1980.
«Cada euro invertido hoy en resiliencia contribuye a proteger los empleos, las empresas y los medios de vida del mañana», declaró el comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra.
La Comisión estima que adaptar la economía europea requerirá inversiones de unos 70.000 millones de euros al año, pero señala que estas pueden generar retornos de entre dos y diez veces su valor en pérdidas evitadas, o incluso superiores en algunos casos.
Según estimaciones conservadoras de la Comisión, el calor provocó pérdidas equivalentes al 0,17 % del PIB de la UE entre abril y septiembre de este año, mientras que sólo una cuarta parte de los daños climáticos están asegurados.
Los riesgos del calentamiento ya figuran incluso en la información financiera que las grandes tecnológicas ofrecen a los inversores.
Anthropic, el gigante de la inteligencia artificial creador de Claude, advertía ayer, lunes, en su folleto de salida a bolsa de que «unas temperaturas medias más elevadas pueden incrementar el consumo de electricidad y agua necesario para refrigerar los equipos» y, con ello, aumentar sus costes operativos.
Las fuentes citaron además las recientes lluvias torrenciales en Valencia para ilustrar las consecuencias económicas de una prevención insuficiente y advirtieron de que las empresas pueden reconsiderar sus inversiones en territorios vulnerables si no se refuerza su protección.
Pero Bruselas aspira no sólo a reducir costes, sino a crear riqueza. El mercado mundial de las tecnologías de adaptación podría alcanzar 3,5 billones de euros en 2050, y Europa quiere capturar gran parte de ese negocio.
El paquete legislativo, que deberá negociarse con los Estados miembros (el Consejo) y con el Parlamento Europeo, no contará con financiación adicional específica, ya que los recursos necesarios se incluyen en la propuesta de presupuesto plurianual de la UE para 2028-2034, actualmente en negociación.
Según la propuesta de la Comisión, los Veintisiete deberían tener listos sus planes nacionales de resiliencia para diciembre de 2030.
Ribera reivindica el aire acondicionado como una necesidad de salud pública y no un lujo
Bruselas, 27 oct (EFE).- La vicepresidenta de la Comisión Europea Teresa Ribera defendió el uso responsable del aire acondicionado para proteger a la población del calor extremo y advirtió de que la refrigeración de colegios, hospitales y viviendas no puede convertirse en un lujo reservado a quienes pueden pagarlo.
«Nadie mandaría a sus hijos menores de edad a un cole con 37 grados de temperatura y nadie querría tener a sus padres ingresados en un hospital no refrigerado con 37 grados de temperatura», declaró Ribera en una entrevista con EFE.
La también comisaria europea de Competencia respondió así preguntada por el debate sobre la climatización, especialmente intenso en Francia, donde las sucesivas olas de calor han reavivado las discrepancias políticas sobre la conveniencia de extender estos sistemas por su consumo energético y su impacto medioambiental.
El partido de extrema derecha Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, ha defendido un plan de climatización masiva, especialmente en edificios públicos, mientras que los ecologistas y otras fuerzas de izquierda apuestan por priorizar el aislamiento, la ventilación y otras medidas de adaptación.
Ribera, socialdemócrata española con una larga trayectoria en políticas medioambientales y climáticas, recordó que hace más de 25 años, cuando España negociaba sus compromisos de emisiones, algunos colegas de Países Bajos y Suecia consideraban el aire acondicionado «una cosa de lujo y frívola», frente a la necesidad de garantizar la calefacción en el norte de Europa.
«Y entonces yo les decía: ‘Bueno, pues te invito a que vayas por debajo de Despeñaperros (sur) un 28 de julio y después me dices si es un problema de lujo o es un problema de salud pública'», relató.
La vicepresidenta comunitaria subrayó que el aumento de las temperaturas extremas, fenómeno especialmente intenso en Europa, obliga a garantizar unas condiciones térmicas adecuadas. Sin embargo, rechazó plantear la climatización como una disyuntiva absoluta.
«Yo no creo que sea un sí o un no», señaló la dirigente española, quien defendió mantener «una relación con la energía inteligente, eficiente, responsable».
En ese sentido, apostó por mejorar el aislamiento de los edificios, instalar placas solares y recurrir a soluciones tradicionales, como las paredes blancas, los toldos, las cortinas y las persianas, para reducir las necesidades de refrigeración y el consumo eléctrico.
Ribera subrayó que el acceso a temperaturas soportables no puede convertirse en un nuevo factor de desigualdad social.
«Lo que no puede ser es que un problema de salud pública (…) sea una cuestión de quién tiene dinero para pagarlo y quién no», dijo.


