São Paulo, 25 oct (EFE).- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó este domingo la segunda vuelta de las elecciones con un 51,76 % de los votos, frente al 48,24 % del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, en una remontada inédita en la historia democrática del país, según los resultados oficiales con el 99,81 % de las urnas escrutadas.
Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que un candidato que quedó en segundo lugar en la primera ronda electoral se impone en la segunda vuelta a su adversario.
En la primera vuelta, Flávio fue el más votado con el 47 % de los apoyos, dos puntos más que el dirigente progresista, lo que se tradujo en una diferencia de 2,2 millones de votos.
Este domingo, en la segunda, Lula ha revertido ese resultado y le ha sacado más de cuatro millones de votos a su adversario.
Lula asumirá su cuarto mandato -segundo consecutivo- el próximo 5 de enero en Brasilia con 81 años de edad.
Nunca antes en la historia de Brasil un presidente fue elegido en cuatro ocasiones diferentes.
La victoria de Lula también pone freno al giro a la derecha que experimenta América Latina en los últimos años alentado por el presidente estadounidense, Donald Trump.
El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) partía con desventaja después de la primera vuelta.
Desde entonces, todas las encuestas proyectaron un desenlace muy ajustado, con ambos aspirantes en empate técnico, aunque siempre con Flávio numéricamente por delante.
De hecho, los dos últimos sondeos, publicados en la víspera, mostraban al senador con un 51 % de los apoyos y a Lula, con el 49 %.
La calle y las redes llevan en volandas a Lula
Después de una primera parte de la campaña “desorganizada”, como definió el propio Lula, el gobernante dio un giro radical a su estrategia y llamó a ocupar las calles y las redes sociales.
La militancia respondió con marchas multitudinarias en varias de las principales ciudades del país en una efervescencia del progresismo no vista en décadas.
El aspirante del PT también multiplicó sus anuncios desde la Presidencia: logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó las deudas a millones de trabajadores autónomos y lanzó medidas de incentivo para el sector de los videojuegos, entre otras medidas.
También emprendió una dura campaña de desgaste contra su adversario con una estrategia basada en el miedo y en el recuerdo de los recortes durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019-2022).
Duros ataques a Flávio
En este sentido, vinculó a Flávio con la “motosierra” del presidente argentino, Javier Milei, advirtió que su victoria era una “riesgo para la democracia”, tras la intentona golpista que lideró su padre tras perder los comicios de 2022, y recordó las sospechas de corrupción y sus vínculos con parientes de grupos paramilitares de Río de Janeiro.
También alertó de que se subordinaría a Trump, en asuntos como seguridad y minería, en medio de los intentos de injerencia de la Casa Blanca para supuestamente favorecer al hijo de Bolsonaro, aliado del republicano.
“No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, exclamó Lula en sus mítines.
Frente a esto, Flávio, ungido candidato por su padre, quien se encuentra condenado y en prisión domiciliaria por golpismo, perdió la capacidad de marcar el debate público y fue a remolque en las tres últimas semanas de campaña.
A partir de febrero, Flávio perderá sus fueros como parlamentario y tendrá lidiar con al menos dos investigaciones en su contra relacionadas con supuestos delitos de blanqueo de capitales.
Mientras, Lula ejercerá su último mandato, pero lo hará con un Parlamento más escorado a la derecha que hace cuatro años.
Las siete vidas de Lula: de limpiabotas a presidente por cuarta vez
São Paulo, 25 oct (EFE).- Luiz Inácio Lula da Silva dice que solo un milagro explica que aquel niño que huyó del hambre en un camión precario haya llegado a ser presidente de Brasil tres veces. Este domingo sumó una nueva proeza a su biografía al firmar la primera gran remontada electoral en la historia democrática del país.
Acostumbrado a renacer de sus propias cenizas, Lula ganó la segunda vuelta de las presidenciales con un 51,75 % de los votos frente al 48,25 % del opositor Flávio, hijo del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro, y ocupará la jefatura del Estado de la mayor economía latinoamericana por cuarta vez, algo inédito.
Antes de la cita de este año, en las nueve elecciones presidenciales celebradas en el país desde el fin de la dictadura militar, ningún candidato había cantado victoria tras perder la primera vuelta, hasta hoy.
El eterno dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), referencia del progresismo global, volvió a demostrar su innato olfato político con una transformación radical desde que se quedó dos puntos por detrás de su rival en la primera ronda.
Un resultado «inesperado», dijo la noche de ese 4 de octubre.
Pero a sus casi 81 años agarró por primera vez un celular, se sumergió en el mundo virtual, principal medio de información de los brasileños, y arrastró a cientos de miles de militantes a las calles en una efervescencia social que no se veía desde hacía décadas.
Se declaró «el rey del selfi» y promovió un «ejército» de 10 millones de seguidores en Whatsapp que se encargaron de recordar su vida, los logros de sus administraciones y la vida rodeada de sospechas de su adversario.
Una infancia perdida
Lula (Caetés, 1945) es el séptimo hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, más conocida como Dona Lindu. Nació en una casa con suelo de tierra, en una aldea llamada Vargem Comprida, en el hostil agreste pernambucano. Un lugar seco, pobre y olvidado.
Su padre lo abandonó cuando aún estaba en el vientre de su madre y se fue a São Paulo para iniciar una nueva vida con una prima adolescente de esta a la que también había dejado embarazada.
La primera foto que se conoce de Lula es un retrato con su hermana Maria Baixinha cuando solo tenía 3 años. Posó con una camisa y unas sandalias que le prestó el fotógrafo y que le quedaban grandes.
«Yo soy el resultado de milagros (…) Todo lo que ocurrió en mi vida fue un milagro», afirma Lula en sus mítines.
Ante la falta de perspectivas para salir adelante, Dona Lindu, Lula y sus hermanos emprendieron un viaje de 2.500 kilómetros en un camión de tarimas rumbo al litoral de São Paulo, que se encontraba en pleno apogeo industrial, para encontrar a su padre. Tardaron 13 días.
Siendo un niño empezó a trabajar vendiendo cacahuetes, naranjas y tapioca en la calle. También fue limpiabotas. A los 14 años fue contratado en una fábrica de tornillos y se formó como tornero mecánico.
Del sindicato a la Presidencia
Años después, convencido por su hermano Frei Chico, visitó por primera vez el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, donde su vida cambiaría para siempre.
«Jamás imaginé que sería un dirigente sindical», confesó en un mitin.
Desde esa posición, lideró masivas manifestaciones en plena dictadura militar (1964-1985).
En una de sus primeras entrevistas de alcance nacional, a la Revista IstoÉ, cuando apenas era presidente del sindicato, dejó clara su pensamiento: «Solo tengo un compromiso con los trabajadores que me eligieron».
Luego saltó a la política y fundó el PT. En 1986, Lula, marxista en sus orígenes y pragmático en las negociaciones, fue elegido diputado federal constituyente, el más votado del país, con 651.763 votos.
Y a partir de ahí entró de lleno en la carrera presidencial.
Participó en las elecciones de 1989, 1994, 1998, 2002, 2006, 2022 y 2026. Perdió las tres primeras, ganó las cuatro últimas. En sus dos primeros mandatos (2003-2010) impulsó una gran transformación social, sacando de la pobreza y del hambre a millones de brasileños, creando universidades y consiguiendo unas increíbles tasas de crecimiento económico.
Fuera del poder, cayó en desgracia al calor de la operación Lava Jato. En 2018, el PT también lo postuló, pero la Justicia tumbó su candidatura, ya que por aquel entonces estaba en prisión tras ser condenado en causas de corrupción posteriormente anuladas, lo que le permitió volver del destierro político.
Como un ave fénix, Lula se presentó de nuevo en 2022 para derrotar a Jair Bolsonaro y marcó un nuevo hito, otro más: nunca antes un presidente brasileño en ejercicio había perdido una reelección.
En el ámbito personal, se ha casado tres veces y enviudó en dos ocasiones. Maria de Lourdes da Silva murió dos años después del enlace por complicaciones durante el embarazo de su primer hijo y Marisa Letícia Lula da Silva falleció víctima de un derrame cerebral después de toda una vida juntos.
En 2022, contrajo matrimonio con la socióloga Rosângela ‘Janja’ da Silva. Lula es padre de cinco hijos, un ferviente hincha del Corinthians y asegura que quiere vivir hasta los 120 años.
Carlos Meneses
Las cinco claves de la victoria de Lula sobre Flávio Bolsonaro en las elecciones de Brasil
Río de Janeiro, 25 oct (EFE).- La victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo en Brasil refleja la capacidad del líder progresista para defender sus programas sociales y movilizar a los sectores que temían un regreso del bolsonarismo al poder.
Tras terminar la primera vuelta por detrás del senador del ultraderechista Partido Liberal (PL) (45 % contra 47 %), Lula consiguió revertir el resultado en la segunda (51,8 % contra 48,2 %) con una remontada inédita desde la redemocratización del país en 1985.
Las siguientes fueron las claves de la remontada:
1. La estrategia del miedo
La campaña de Lula convirtió el temor a un nuevo Gobierno bolsonarista en uno de sus principales motores de movilización.
El presidente y sus aliados advirtieron sobre los riesgos de un eventual retroceso en los derechos sociales, la protección ambiental y las instituciones democráticas con un eventual regreso de la ultraderecha al poder.
La estrategia buscó recordar a los electores las controversias del Gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), especialmente durante la pandemia de covid-19, y las tensiones institucionales que desembocaron en los ataques del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en Brasilia.
La advertencia sobre un posible regreso de ese escenario permitió a Lula movilizar a sectores que, aunque críticos con su gestión, consideraban que una victoria del senador podía representar un riesgo mayor.
2. La defensa de los programas sociales
La reivindicación de las políticas sociales fue otro de los pilares de la campaña. Lula defendió el programa de distribución de subsidios a los pobres ‘Bolsa Família’ como una herramienta para combatir la pobreza.
El programa beneficia a unas 19,3 millones de familias brasileñas y, a pocos días de la primera vuelta, el Gobierno anunció un reajuste del 15,04 % del valor del subsidio.
La defensa de esas ayudas permitió al presidente reforzar su vínculo con los sectores de menores ingresos, especialmente en el nordeste, la región más pobre del país y donde mantiene una base electoral consolidada.
3. El antibolsonarismo venció al antilulismo
La elección también mostró que el rechazo a la familia Bolsonaro logró imponerse al desgaste del presidente.
Lula arrastraba críticas por la economía, el endeudamiento de los hogares y controversias políticas de su Gobierno. Sin embargo, la campaña consiguió que la segunda vuelta no se convirtiera en una evaluación de la gestión presidencial.
El antibolsonarismo reunió a sectores de izquierda, centro y parte del electorado moderado de derecha que, pese a sus diferencias con el PT, consideraban necesario impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder.
4. La campaña por la remontada y el Ejército de Lula
Para remontar el resultado de la primera vuelta, el presidente reformuló su estrategia, intensificó los actos públicos y reforzó su presencia en las redes sociales y en las calles. La campaña buscó movilizar a los electores que no habían participado en la primera vuelta y captar el voto de quienes apoyaban a candidatos eliminados.
Uno de los instrumentos centrales fue el canal de WhatsApp ‘Exército do Lula’, impulsado por el diputado André Janones, que alcanzó los diez millones de seguidores en la recta final de la campaña.
La iniciativa distribuyó mensajes, vídeos y orientaciones para que los simpatizantes amplificaran los contenidos favorables al presidente.
5. El estado bisagra que volvió a dar la victoria a Lula
La remontada de Lula tuvo uno de sus símbolos más importantes en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil y un estado considerado tradicionalmente un espejo de las tendencias nacionales.
El presidente consiguió revertir allí el resultado desfavorable de la primera vuelta (48 % para el senador y 43 % para el presidente) y se impuso a Flávio Bolsonaro en la segunda (50,4 % para el mandatario y 49,6 % para el opositor), una victoria que reforzó su avance en la recta final de la campaña.
Minas Gerais es conocido como el estado bisagra de las elecciones brasileñas porque, desde la redemocratización, su comportamiento electoral ha coincidido con el del ganador de la Presidencia en numerosas ocasiones.
Su peso demográfico, su diversidad social y económica y su posición entre el nordeste, tradicional bastión lulista, y el sudeste, donde la derecha mantiene una fuerte presencia, lo convierten en un territorio decisivo.
Carlos A. Moreno


