Ciudad del Vaticano, 4 jul (EFE).- El papa León XIV aseguró este sábado, durante su visita a la isla italiana de Lampedusa, que los miles de muertos registrados en el mar Mediterráneo son víctimas tanto de «decisiones tomadas» como de «decisiones omitidas», y denunció la indiferencia ante el drama migratorio.
Durante la homilía de la misa celebrada en la isla italiana, el pontífice trazó un paralelismo entre la parábola evangélica del buen samaritano y la actual crisis humanitaria en el Mediterráneo, al denunciar que la indiferencia, los intereses económicos y la ausencia de políticas eficaces perpetúan el sufrimiento de quienes intentan alcanzar Europa.
«El desinterés por el bien común y la corrupción en los lugares de proveniencia, un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios y desprecio», afirmó.
Añadió que también contribuyen «el pensamiento de que estos problemas no nos competen, los cálculos criminales de quien se lucra a costa del drama de otros, el paso lento y difícil de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas», todo lo cual reproduce, hoy, el apresurado «pasar de largo» del relato evangélico.
León XIV, ataviado con una casulla con toques azules que evocaban las olas del mar y que quiso «seguir las huellas del papa Francisco», quien eligió Lampedusa para su primer viaje apostólico el 8 de julio de 2013, agradeció a los habitantes de la isla su labor de acogida.
«He venido a agradecerles, hermanos y hermanas de Lampedusa, por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar», dijo.
El obispo de Roma aseguró que Lampedusa y la vecina Linosa «se encuentran en un camino peligroso, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó», donde «no solo han visto uno, sino a miles de seres humanos caídos en manos de bandidos que los despojan de todo».
«El mar se ha quedado con los otros, aquellos que no han conseguido llegar a donde esperaban. Sin embargo, sentimos su presencia, que nos interpela tanto como la de aquellos que han desembarcado, necesitados de atención y ayuda», añadió.
Asimismo, defendió que «la pertenencia religiosa no debe convertirse jamás en motivo de discriminación» y reivindicó la necesidad de construir «la civilización del amor».
Un llamamiento de responsabilidad a Europa

El pontífice reclamó además a Europa asumir su «equivalente responsabilidad» histórica y cultural para afrontar la migración con una estrategia de largo alcance.
«Por su posición geográfica y por su estructura institucional, Europa tiene la capacidad de afrontar la crisis de modo orgánico, insertando los primeros auxilios en un plan estratégico de larga duración, que sea capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de tal forma que nadie se vea obligado a emigrar», sostuvo.
A su juicio, ese esfuerzo corresponde «a las instituciones públicas, pero también a toda la sociedad civil y a la Iglesia».
Recordando su reciente viaje apostólico a Tenerife (España), el papa advirtió de que «la cultura de la acogida tiene una vocación turística que, por desgracia, puede verse amenazada por las rutas migratorias y acabar traduciéndose en indiferencia, o incluso en oposición a sus aspectos dramáticos».
Alertó sobre la posibilidad de levantar un «muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes» y subrayó que la cultura de la acogida no puede verse eclipsada por la actividad turística.
«Tengan la audacia de pensar de modo diferente», animó a los presentes, al tiempo que pidió avanzar hacia una economía «justa y fraterna», en la que el descanso y el turismo no impliquen desatención moral hacia quienes sufren.
Una revolución basada en la compasión

El papa también agradeció el trabajo de las instituciones civiles, las fuerzas de seguridad, organizaciones como el Forum Lampedusa Solidario’, a las que atribuyó una «revolución interior» basada en la compasión.
Asimismo, dirigió un saludo a los migrantes presentes en la celebración y destacó que «ellas mismas no han simplemente recibido, sino que muchas veces han ejercitado la solidaridad en su viaje, como pobres que ayudan a los más pobres».
«Todos tenemos en Dios un puerto seguro, del cual cada comunidad cristiana está llamada a ser un reflejo en la tierra», concluyó antes de despedirse con el tradicional saludo de la isla: «O’scià».
La misa, celebrada con una imagen de la Virgen de Porto Salvo situada junto al altar, constituye el último acto del viaje pastoral de cuatro horas del papa a la isla italiana, antes de su regreso al Vaticano.
León XIV rinde homenaje en Lampedusa a los migrantes fallecidos en el Mediterráneo
Ciudad del Vaticano, 4 jul (EFE).- El papa León XIV rindió homenaje este sábado a los migrantes fallecidos en la ruta del Mediterráneo central durante su visita a la isla italiana de Lampedusa, en la que también evocó el legado de su predecesor, Francisco, en la atención a esta crisis humanitaria.
La pequeña isla del sur de Italia, situada en pleno Mediterráneo central, es desde hace años uno de los principales puntos de llegada para miles de personas que intentan alcanzar Europa desde las costas del norte de África.
Trece años después de la visita de su predecesor, el papa Francisco, León XIV inició su agenda de cuatro horas en la isla con una visita al cementerio local, donde depositó una ofrenda floral en las tumbas de varios migrantes, muchas de ellas sin identificar.
Nada más aterrizar, a las 9:00 hora local (7:00 GMT), en el aeropuerto de Lampedusa procedente de Roma, León XIV se trasladó en automóvil al camposanto.
Allí se detuvo ante la sepultura de Yusuf, un bebé guineano de seis meses que murió en 2020 a bordo del barco de la ONG española Open Arms mientras esperaba una evacuación médica de emergencia, que llegó seis horas después de haber sido solicitada.
Posteriormente, el papa se dirigió al monumento de la Puerta de Europa, obra del escultor italiano Mimmo Paladino que simboliza el desembarco y la esperanza de quienes huyen de la guerra y la miseria.
Allí mantuvo un breve encuentro con una familia migrante para escuchar su testimonio de integración.
Después atravesó en solitario la escultura y descendió a pie hasta una zona rocosa, donde se acercó lo máximo posible al mar y, mientras permanecía sobre las rocas contemplando el Mediterráneo, una fuerte ráfaga de viento se llevó volando su solideo blanco.
La ruta de León XIV continuó en el Muelle Favaloro, donde León XIV bendijo una placa que desde hoy nombra oficialmente al muelle en honor al papa Francisco, como reconocimiento al lazo inquebrantable que el anterior pontífice tejió con esta comunidad.
El pontífice destacó durante el saludo a las autoridades locales que este reconocimiento «es signo del vínculo que mi predecesor ha establecido con vuestra comunidad y con los hermanos y las hermanas migrantes».
Y añadió: «El papa ha estado cerca en este tiempo tan exigente para vosotros. Y hoy estoy aquí para deciros que el papa continúa acompañándonos, os sostiene y os anima».
Aunque las llegadas a las costas italianas han disminuido en los últimos años, las muertes en el Mediterráneo continúan.
Casi 2.800 migrantes desembarcaron en Italia en junio, un 10 % menos que el mes anterior. Desde comienzos de año han llegado 14.388 personas, un 30 % menos que en el mismo periodo de 2025. De ellas, el 56 % desembarcó en Lampedusa, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Sin embargo, 1.397 personas murieron o desaparecieron en el Mediterráneo durante el primer semestre de 2026, frente a las 851 registradas en el mismo periodo del año anterior.
El papa oficiará a las 10:30 hora local (08:30 GMT) una misa en la isla con la imagen de la Virgen de Porto Salvo en el altar, último acto de su visita antes de regresar al Vaticano.


