Kiev, 26 sep (EFE).- Ucrania intensificó una campaña de ataques a refinerías y otras infraestructuras que sostienen el esfuerzo de guerra ruso, como parte de la cual, este mismo viernes, fue alcanzada otra infraestructura clave en la región rusa de Krasnodar, al tiempo que algunos de los principales financiadores de los programas de drones de Kiev se enfrentan a amenazas híbridas desconocidas hasta ahora.
En un encuentro con periodistas celebrado en Kiev, el jefe del Ejército ucraniano, Oleksandr Sirski, hizo balance de estas operaciones y dijo que los ataques con drones de larga distancia contra objetivos situados dentro de Rusia está reduciendo sustancialmente las capacidades de guerra del enemigo.
El impacto, agregó, se está sintiendo ya en el campo de batalla, con un déficit de combustible refinado que estaría afectando a la logística y los suministros para las tropas del Kremlin.
Según los números ofrecidos por el general, en los últimos dos meses las fuerzas ucranianas han alcanzado 85 objetivos en la Federación Rusa, de los que 33 son bases militares, arsenales, aeródromos y otras instalaciones militares y los 52 restantes infraestructuras industriales dedicadas a la producción de armamento, combustible, munición, motores, drones o piezas de las que precisa el Ejército ruso.
El jefe del Ejército ucraniano destacó que los buenos resultados que están mostrando los drones ucranianos de larga distancia son apreciados también por los socios de Ucrania, lo que le permite, dijo, reforzar las unidades que llevan a cabo estas operaciones.
Uno de los países pioneros en la coproducción con Ucrania, Dinamarca, se vio obligada la pasada medianoche a cerrar uno de sus aeropuertos durante aproximadamente una hora debido al riesgo de actividad de drones. Incidentes similares obligaron a interrumpir las operaciones en otros aeropuertos y en instalaciones militares danesas en días anteriores.
Las autoridades danesas confirmaron que los movimientos de diversos barcos, entre ellos un buque de guerra ruso, están siendo investigados por su posible conexión con un fenómeno que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen ha encuadrado dentro de la “guerra híbrida” que, según dijo, viven Dinamarca y otros países europeos.

